EBOOK Carola Gliksberg – A veces les digo mamá a mis niñeras / I sometimes call my nannies mum

$ 400

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A

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Poesía y ficción latinoamericana ‖ 80 págs. ‖ 14 x 21 cm.

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Carola Gliksberg, una celebridad de los confinamientos, increíblemente rubia, montada en elocuentes anteojos negros de gran baronesa de Barrio Parque, cumple con la definición exacta del encanto. Pasó años como directora independiente de cine y teatro y supo cómo llevar el personaje. Pero es en el espíritu clásico de la palabra donde Carola Gliksberg es encantadora: como una hechicera, hipnótica, su fantasma neurótico merodeando en cada silla del Café Tabac.

Su nombre heterogéneo y aspiracional se volvió un tema de reflexión. Nos preguntamos si es un alias. Y otros se preguntan si no es, de hecho, un hombre. Aunque el modo en que simula hablar el lenguaje de una chica adolescente es bastante encantador y bien intencionado, Carola no es lo que parece. La fascinación que despierta la autora, lo siniestro, quizás se encuentre tanto en su nombre, que se presenta como un enigma a descifrar, como en el mecanismo que pone en marcha. El encanto es una cualidad que confunde, cambia de formas, invistiendo a la cosa con un aura misteriosa. “El poder mágico de imponerse a la vista de los espectadores, para que la apariencia sea totalmente diferente de la realidad”, escribió Sir Walter Scott. Se crea o no en él, el encantamiento está.

Victoria Colmegna y Cecilia Gerson

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Carola Gliksberg, a celebrity of confinements, unbelievably blonde, yet wearing in outspoken sunglasses of Barrio Parque’s grande baroness, meets the current definition of charm. She spent years as an independent film and theatre director and knew how to look the part. But it is in the classical spirit of the word that Carola Gliksberg is charming: as a caster of spells, actually hypnotical, her neurotic ghost haunts the corners of Buenos Aires.

CGK is everywhere. Her different and aspirational name grew subject of consideration. We wonder whether it is an alias. And others wonder whether she is not, in fact, a guy. Although the way she pretends to speak the language of an adolescent girl is quite charming and well-intentioned, Carola is not what she seems to be. The fascination the author raises, the sinister, perhaps can be found in both her name, which is presented as an enigma to be deciphered, and in the mechanism she sets in motion.

The name CGK promotes an encounter with something terrifying: the encounter with the sinister. It’s an encounter with something familiar which became strange. Something that belonged to the ancient dwelling, home, the native land and, due to a process of estrangement, it got lost. Besides, the Sun squares her ascendant. She commands to be decoded and deciphered, since she offers a carefully designed attitude that is both staged and true, deliberate and accidental, strategic and unconscious. Sly and frank at first, Carola leads us to exhaustion.

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Carola Gliksberg, una celebridad de los confinamientos, increíblemente rubia, montada en elocuentes anteojos negros de gran baronesa de Barrio Parque, cumple con la definición exacta del encanto. Pasó años como directora independiente de cine y teatro y supo cómo llevar el personaje. Pero es en el espíritu clásico de la palabra donde Carola Gliksberg es encantadora: como una hechicera, hipnótica, su fantasma neurótico merodeando en cada silla del Café Tabac.

Su nombre heterogéneo y aspiracional se volvió un tema de reflexión. Nos preguntamos si es un alias. Y otros se preguntan si no es, de hecho, un hombre. Aunque el modo en que simula hablar el lenguaje de una chica adolescente es bastante encantador y bien intencionado, Carola no es lo que parece. La fascinación que despierta la autora, lo siniestro, quizás se encuentre tanto en su nombre, que se presenta como un enigma a descifrar, como en el mecanismo que pone en marcha. El encanto es una cualidad que confunde, cambia de formas, invistiendo a la cosa con un aura misteriosa. “El poder mágico de imponerse a la vista de los espectadores, para que la apariencia sea totalmente diferente de la realidad”, escribió Sir Walter Scott. Se crea o no en él, el encantamiento está.

Victoria Colmegna y Cecilia Gerson

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Carola Gliksberg, a celebrity of confinements, unbelievably blonde, yet wearing in outspoken sunglasses of Barrio Parque’s grande baroness, meets the current definition of charm. She spent years as an independent film and theatre director and knew how to look the part. But it is in the classical spirit of the word that Carola Gliksberg is charming: as a caster of spells, actually hypnotical, her neurotic ghost haunts the corners of Buenos Aires.

CGK is everywhere. Her different and aspirational name grew subject of consideration. We wonder whether it is an alias. And others wonder whether she is not, in fact, a guy. Although the way she pretends to speak the language of an adolescent girl is quite charming and well-intentioned, Carola is not what she seems to be. The fascination the author raises, the sinister, perhaps can be found in both her name, which is presented as an enigma to be deciphered, and in the mechanism she sets in motion.

The name CGK promotes an encounter with something terrifying: the encounter with the sinister. It’s an encounter with something familiar which became strange. Something that belonged to the ancient dwelling, home, the native land and, due to a process of estrangement, it got lost. Besides, the Sun squares her ascendant. She commands to be decoded and deciphered, since she offers a carefully designed attitude that is both staged and true, deliberate and accidental, strategic and unconscious. Sly and frank at first, Carola leads us to exhaustion.