Juan Pedro Somodi – Enzo

$ 2,180

Adquirí Enzo de Juan Pedro Somodi y recibilo en tu hogar o retiralo por Villa Crespo, CABA. Además, llevando cinco libros o más el envío es gratis a todo el país y también comprando 3 o más, en CABA. ⁣⁣⁣⁣⁣⁣

Poesía y Ficción Latinoamericana ‖ 176 págs. ‖ 14 x 21 cm.

“Hay una sonrisa en su rostro. Sus ojos cerrados, su boca se agita con un movimiento leve como si estuviera saboreando algo y entonces se entreabre un poco, se deja ver su lengua, un quejido parece querer salir de los labios paspados, que estuvieron amoratados como y por causa de los de Italia que por horas, en el escondrijo predilecto del bosquecillo, estuvieron sobre y bajo los suyos lamiendo, mordiendo, besando, diciendo todo el amor posible mientras sus manos en raptos de descontrol y censura se persiguen de arriba abajo todo carne, hundiéndose poco y torpemente las de niños las yemas desuñadas en busca del placer, del punto sin retorno donde el control es obliterado y la pasión puede empezar a desentorpecerse, al fin, en el momento en que su mano que ya se enseñorea hace tanto debajo de la pollera se prende de la bombacha y tira y se cuela sin ser contenida y las nalgas y el espacio entre ellas y su sudor y vello ahora le pertenecen y mientras en un movimiento circular y supinatorio, amoroso, anhelante va avanzado como puede se encuentra simultáneamente con quejidos inauditos, respiraciones tales que todas las anteriores de aquella y de todas las veces anteriores resultan ahora sólo un tímido esbozo…”

ISBN: 9789878337470 Colección: Etiqueta:

Descripción

Adquirí Enzo de Juan Pedro Somodi y recibilo en tu hogar o retiralo por Villa Crespo, CABA. Además, llevando cinco libros o más el envío es gratis a todo el país y también comprando 3 o más, en CABA. ⁣⁣⁣⁣⁣⁣

Poesía y Ficción Latinoamericana ‖ 176 págs. ‖ 14 x 21 cm.

“Hay una sonrisa en su rostro. Sus ojos cerrados, su boca se agita con un movimiento leve como si estuviera saboreando algo y entonces se entreabre un poco, se deja ver su lengua, un quejido parece querer salir de los labios paspados, que estuvieron amoratados como y por causa de los de Italia que por horas, en el escondrijo predilecto del bosquecillo, estuvieron sobre y bajo los suyos lamiendo, mordiendo, besando, diciendo todo el amor posible mientras sus manos en raptos de descontrol y censura se persiguen de arriba abajo todo carne, hundiéndose poco y torpemente las de niños las yemas desuñadas en busca del placer, del punto sin retorno donde el control es obliterado y la pasión puede empezar a desentorpecerse, al fin, en el momento en que su mano que ya se enseñorea hace tanto debajo de la pollera se prende de la bombacha y tira y se cuela sin ser contenida y las nalgas y el espacio entre ellas y su sudor y vello ahora le pertenecen y mientras en un movimiento circular y supinatorio, amoroso, anhelante va avanzado como puede se encuentra simultáneamente con quejidos inauditos, respiraciones tales que todas las anteriores de aquella y de todas las veces anteriores resultan ahora sólo un tímido esbozo…”