ROSARIO BLÉFARI, SOBRE UNA PELÍCULA INCONCLUSA 

 

2011
De la nada, empecé a escribir sobre esto, se lo mandé a Martín:
“Era 1988. Las circunstancias comenzaban a tornarse más amables justo cuando levanté vuelo de la casa de mi primer novio en medio de una crisis de ruptura y nuevo romance. Era el novio con el que habíamos actuado juntos en un cortometraje del mismo director que ahora me convocaba para un protagónico hecho a mi medida en su primer largometraje. El guión prometía una película buenísima, filmando con amigos y bajo la dirección de quien ya era mi director favorito, un joven escritor e incipiente cineasta, totalmente fiel a sí mismo en su arte, creador de un humor propio difícil de imitar.
La primera escena se filmó de noche en la plaza San Martín y yo no actuaba, la protagonizaba una pareja joven. Fui al set de todos modos no sé bien por qué, si fue porque me lo pidieron, para probarme o firmar algo, o si fui solamente de visita.
La luz de la plaza iluminaba el set de filmación que a su vez iluminaba la escena de una pareja de jóvenes en uno de los bancos. A medida que me acercaba desde la calle Santa Fe hacia el centro de la plaza donde estaban puestas las luces iluminando la escena con delicadeza como para que se imprimiera casi como la veíamos, se podía percibir un clima de silencio respetuoso y algarabía contenida como si estuviéramos en presencia de un ritual sagrado o de un hecho histórico. No exagero, aunque no sabría distinguir, como no supe hacerlo en ese momento, si era una percepción solo mía en parte porque era mi primer papel importante, o si era la locación de la plaza con sus árboles centenarios, o si era porque la película era genial y todos lo sabíamos, o si era ese aire como de enamoramiento del cine que yo sentía que todos compartíamos por igual.
A pesar de que yo tenía mis escenas y eran buenísimas, y muchas, la que se veía de esta pareja en medio de la plaza era tan linda, tan exacta, tal vez por ese ambiente que los rodeaba, que me dio hasta un poco de celos, la precisa cantidad como para indicar que me sentía involucrada por completo en todo lo que ocurría en esa filmación.
Días, apenas un par de días antes, se había desatado una tormenta emocional en el último tramo de la preproducción debido al cambio que el director se vio obligado a hacer de uno de los actores principales, el que tenía más escenas conmigo.


Es que Martín R. había elegido para el papel al cantante de una banda de rock que era un individuo bastante inestable. Aunque ideal para el papel, era imposible que se aprendiera de una vez la letra de las escenas y además llegaba tarde o faltaba a los ensayos y a las pruebas de vestuario. Como tenía mucho carisma, consiguió que se sostuviera esa situación hasta último momento, cuando Martín decidió reemplazarlo. Entonces, empezamos a ensayar las escenas con un muchacho de ojos grandes y mirada azorada que se tomaba todo con calma, se aprendía la letra y llegaba puntual. Se terminaría dedicando a la dirección de cine⁵⁴.
Ensayábamos, tirados en un colchón en el piso, la escena más difícil, donde nos teníamos que besar y terminábamos encontrando pelos en el beso, pelos recién cortados de él, que había ido a la peluquería antes de vernos. Escena graciosa pero que era muy incómoda de practicar con un desconocido. Ya me había acostumbrado al músico, con el que resultaba bastante fácil sentirse un poco más desinhibidos, aunque no fuera actor. Creo que en uno de los ensayos nuevos me puse a llorar, supongo que debido al estrés de todo lo vivido, justo también en la vida real estaba en eso de cambiar de compañero.
Al final se filmó la escena que tanto ensayamos en la habitación de un albergue transitorio de Recoleta, lockeado para la ocasión. Yo estaba con un vestido rojo muy lindo que me hicieron a medida. En un momento pasó mi ex y me dejaron salir un rato a tomar un café mientras ponían las luces. Fue un mar de lágrimas: fuimos al bar de la esquina de Las Heras y Azcuénaga, donde habíamos ido, siete años antes, en nuestra primera cita, después de la muestra de Noé en Alberto Elía⁵⁵”.


⁵⁴ Néstor Frenkel.
⁵⁵ Galería de arte de Alberto Elía y Mario Robirosa que funcionó en la calle Azcuénaga 1739 de Buenos Aires durante la década del ochenta.