Daniel Durand – Como un Malboro

$390.00

Colección Poesía y Ficción Latinoamericana ‖ 112 págs. ‖ 14 x 21 cm.

A

“Volcó el bondi que nos llevaba al bardo, tuvo que frenar en la tarde lluviosa del delta entrerriano y no le dio, se fue a la banquina, y todos los pasajeros y el Flecha Bus quedamos enterrados en el barro. Yo conversaba con Manguzza mientras él convidaba cafés a las madres que lloraban con sus hijos en los regazos. Conversábamos sobre Conlon Nancarrov, sobre Saer, sobre lo repetitivo y mediocre que es Robert Fripp. Porque hacía diez horas que estábamos parados, el asado lo pagó la empresa en un parador del paranacito, entonces tomamos vino y comimos chorizo y nos pusimos contentos y de pronto vi a la Angélica destellar atrás de unas gordas que comían junto a las bolsas que llevaban con regalos y bártulos comprados en el Once. Me le acerqué sin disimulo y me senté en un murito, y la Angélica reía, de nerviosa, me dijo meses más tarde; le chamuyé morondangas, Manguzza discurría con una rubia letrada, le robó un número telefónico que nunca lo llevó a nada, yo fui remando dormido en las aguas estancadas del cerebro de la Angélica con mi remo mocho, de madera podrida”.

Adquiera Como un malboro de Daniel Durand en hasta 12 cuotas sin interés con Mercado Pago. Editorial Mansalva, lo que hay que leer.

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Colección Poesía y Ficción Latinoamericana ‖ 112 págs. ‖ 14 x 21 cm.

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“Volcó el bondi que nos llevaba al bardo, tuvo que frenar en la tarde lluviosa del delta entrerriano y no le dio, se fue a la banquina, y todos los pasajeros y el Flecha Bus quedamos enterrados en el barro. Yo conversaba con Manguzza mientras él convidaba cafés a las madres que lloraban con sus hijos en los regazos. Conversábamos sobre Conlon Nancarrov, sobre Saer, sobre lo repetitivo y mediocre que es Robert Fripp. Porque hacía diez horas que estábamos parados, el asado lo pagó la empresa en un parador del paranacito, entonces tomamos vino y comimos chorizo y nos pusimos contentos y de pronto vi a la Angélica destellar atrás de unas gordas que comían junto a las bolsas que llevaban con regalos y bártulos comprados en el Once. Me le acerqué sin disimulo y me senté en un murito, y la Angélica reía, de nerviosa, me dijo meses más tarde; le chamuyé morondangas, Manguzza discurría con una rubia letrada, le robó un número telefónico que nunca lo llevó a nada, yo fui remando dormido en las aguas estancadas del cerebro de la Angélica con mi remo mocho, de madera podrida”.

Adquiera Como un malboro de Daniel Durand en hasta 12 cuotas sin interés con Mercado Pago. Editorial Mansalva, lo que hay que leer.

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Prensa:

Peso0.2 kg
Dimensiones22 × 14 × 1.5 cm